El observador implacable

Robert Frank, considerado una leyenda por muchos y el mejor ‘espía’ de América por sus imágenes de gran contraste social, fallece el pasado 9 de septiembre a los 94 años. Su trabajo ha sido motivo de inspiración y consulta para generaciones de fotógrafos, en especial por su libro The Americans (1959), en donde destaca en portada la foto Tranvía, Nueva Orleans (1955).

Nacido en 1924 en Zúrich, Suiza, comienza sus conocimientos como fotógrafo al finalizar la secundaria, realiza sus primeros trabajos con la fotografía comercial y autoeditando artesanalmente su libro de fotografías, 40 fotos, publicado en 1946. Con este portafolio emigra a los Estados Unidos, y con la asesoría de su mentor Alexey Brodovitch, llega a trabaja como colaborador en la famosa revista Harper’s Bazaar, así como también para Fortune y Vogue. Consecutivamente, gana la primera beca que el Guggenheim otorgaba a un ciudadano no estadounidense, gracias a esta ayuda, Frank la utiliza para viajar por 48 estados del país entre los años 1955 y 1956. Con su Leica de 35mm, documentó la desigualdad social de toda una nación. Es aquí donde The Americans, nace de esta serie de viajes que realiza el fotógrafo, en compañía de su familia por las principales ciudades y carreteras del país.  

Regresando al tema de la foto de portada en The Americans, Frank por ser un gran observador implacable, captura con el último disparo disponible en el rollo de película, esa escena, el momento de la cotidianidad en el tranvía de Nueva Orleans; para muchos son simples pasajeros que viajan en el transporte público y van observando por las grandes ventanas del mismo. Más allá del perfecto encuadre; tres tercios de forma horizontal, en donde la información dominante y más importante está en los cuadros centrales, cada ventana narra su propio cuento y a su vez, estas terminan siendo una sola historia. Los cincos primeros pasajeros parecieran estar a la mira del fotógrafo: un hombre detrás del vidrio de la ventana, una mujer con gesto de desconfianza, dos niños, un hombre con miramiento de tristeza y una mujer que pareciera sonreír, afroamericanos los dos últimos. Por otra parte, también se destacan en segundo plano, las ventanas con imágenes borrosas, ubicadas encima de cada uno de estos sujetos.

Si analizamos la historia detrás de esta imagen, nos dice mucho más de lo que vemos a primera vista. La fotografía, es demostración de la opresión, segregación y racismo de la época. Gran contraste de los profundos desequilibrios de una sociedad, considerada como una obra de crítica social. No obstante, Robert Frank afirmó: “No tenía en mente la cuestión de la segregación cuando hice la fotografía. Aunque sí sentí que los negros eran más dignos”.

Durante estos dos años Robert Frank, documentó el espíritu de la época en 28.000 fotografías. Seleccionando sólo 83 de estas para ser publicadas en The Americans. Por no encontrar un editor interesado en su obra, fue solo hasta en 1958 en París cuando se publica por primera vez. Luego, al año siguiente se publica en Estados Unidos. The Americans, representó un grito en el silencio por su impactante contenido y estilo fotográfico. Editoriales de la época, como por ejemplo la revista Popular Photography, criticó el trabajo de Frank con desaprobación, según estos eran «considerablemente opacas, porosas, exposiciones turbias, horizontes distorsionados y en general descuidadas».

Sin embargo, esto no interrumpió ni se dejó influenciar en su labor, conservó su propio estilo de hacer fotografía que se desalineaban totalmente de las tradicionales técnicas aceptadas.

 “Hago siempre las mismas imágenes. Siempre intento mirar fuera, en un intento de ver dentro. Intento decir algo que sea verdad. Pero quizás nada sea verdaderamente real. Excepto de lo que está ahí afuera. Y lo que está ahí afuera es siempre diferente”.

“Blanco y negro son los colores de la fotografía. Para mí simbolizan las alternativas de esperanza y desesperación a las que la humanidad está eternamente sujeta. La mayoría de mis fotografías son de gente, vista de un modo muy simple, como a través de los ojos del hombre de la calle. Eso es algo que la fotografía debe contener: la humanidad del momento. Esa clase de fotografía es realismo. Pero el realismo no es suficiente: ha de estar lleno de visión, y las dos cosas juntas pueden hacer una buena fotografía. Es difícil describir esa tenue línea donde acaba el tema y empieza la propia mente”, comentó Frank. En resumen, el trabajo de Robert Frank está tan vigente en nuestros días como cuando lo realizó. Llenos de mensajes, no sólo para el gremio fotográfico sino para toda la humanidad. Sus radicales y revolucionarias composiciones, denunciaban el egoísmo, el racismo y la discriminación y a la vez nos enseñan:  la realidad, los valores, la humildad, la esencia de la vida, el amor y la tolerancia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.