Foto de S. Migaj

Bienestar a través de la fotografía

La fotografía es un pasatiempo y un arte popular que muchas personas practican. Al documentar el mundo que nos rodea se descubren nuevos escenarios y, a su vez, expresamos a los demás nuestro punto de vista. La creatividad es un factor fundamental en este aspecto. Los recursos de composición como el encuadre, la iluminación y ángulos, por decir algunos, enriquecen el pensamiento que, a la final, compartimos en imágenes cotidianas.

Sin embargo, retratar la vida habitual no es la única manera beneficiosa que tiene la fotografía en nosotros. Existen otras formas en que este arte enriquece tanto la mente como el cuerpo. Te permite socializar, caminar y hacer ejercicio. El simple hecho de salir de casa a fotografiar, contemplar la naturaleza y paisajes representa un granito de arena que nos regalamos para nuestra salud.  

“La fotografía ha servido como un mecanismo de terapia para reordenar la realidad que veo a través de la imagen”

Nelson González Leal

Para muchos refleja la independencia de expresar, no solo sus sentimientos o ideas, sino también la fidedigna personalidad del sujeto retratado. Se ha demostrado en varios proyectos científicos que la fotografía promueve cambios positivos y bienestar general en nosotros. En términos de salud, sabemos que a medida que envejecemos necesitamos fortificar nuestro cerebro para mantenerlo sano.

Es así como investigadores han analizado la relación entre la mente y la fotografía como herramienta valiosísima para fortalecer el cerebro a largo plazo. Por ejemplo, Tratamiento fotográfico es un proyecto de investigación de Laurence Aëgerter, artista visual francesa. El objetivo principal es buscar el bienestar de pacientes afectados por la demencia, a través de la fotografía. Aquí, mirar fotos antiguas ayuda a estimular la memoria en adultos mayores. El implementar las “fotos como herramienta terapéutica, brindan a las personas mayores vulnerables una experiencia positiva y al mismo tiempo estimular su cerebro”, comenta Aëgerter en su portal photographictreatment.com.

Hay momentos en los que deseamos expresar nuestras emociones y experiencias, pero no queremos decirlo de manera escrita o en voz alta. Especialmente cuando estamos transitando por un dolor o pérdida familiar. Explorar la muerte a través de la fotografía es una de las diversas maneras de encontrar sanación. Mucho se ha dicho de la relación entre la fotografía y la muerte. De hecho, Susan Sontag dijo: “La vida es una película. La muerte es una fotografía”.

Foto de Ksenia Chernaya

Queda claro que ver fotos o practicar el arte significa una terapia. En el último caso, las fotos no tienen por qué ser perfectas, pero sí que nos permitan acércanos a nuestros seres queridos, expresar al mundo por lo que estamos pasando y, a su vez tomarnos el momento para reflexionar sobre nuestras emociones. Este es el tema de Nelson González Leal, fotógrafo y periodista venezolano, a quien entrevisté en mi programa de radio a propósito de su serie fotográfica Nunca lloré la muerte de mi padre.  

Entrevista a Nelson González Leal en Diafragma 5.6 Radio 5.2.2022

Según González, sobre la relación entre la muerte y la fotografía considera que “a través de la fotografía nosotros podemos volver constantemente a esa memoria, a esos recuerdos, a eso que fue y dejó de ser. Es el medio como para matar la muerte o librarnos un poco de ella, a través del recuerdo y la imagen patentada por la fotografía”.

Nunca lloré la muerte de mi padre, no ha concluido porque “es un proceso fuerte y largo de la realidad, de la ausencia física de mi padre” dice el autor. El mismo inicia cuando su progenitor es diagnosticado de cáncer y comienza el proceso de lucha con la enfermedad. Entonces Nelson empieza a fotografiarlo durante toda esta etapa hasta su fallecimiento en el año 2014. Esta primera fase del trabajo aún las mantiene reservadas por ser íntimas, en las que se “evidencia momentos muy duros”, menciona el fotógrafo.

En su cuenta personal @negole en Instagram, se puede ver parte del registro documental de los actos velatorios y el funeral, presentadas a blanco y negro, en formato cuadrado. Además de ser un trabajo creativo, ya que se complementa entre otras imágenes rescatadas del álbum de fotos familiar, este trabajo simboliza para el autor un bálsamo y lo hace sentir más satisfecho, más vivo. “La fotografía ha servido como un mecanismo de terapia para reordenar la realidad que veo a través de la imagen”, comentó.

Todos sobrellevamos el duelo de distintas maneras. Realizar un proyecto como el de Nelson no es fácil, constituye un gran desafío registrar un momento tan doloroso. Le pregunté al final, ¿Qué consejo le daría a alguien que quiera emprender proyectos como el suyo? “Que se atrevan, que no tengan temor. Si lo sienten así y quieren abordar un proyecto de esa naturaleza o cualquier proyecto que le resulte emocionalmente fuerte, que se atrevan que tomen la cámara y trabajen con toda la pasión y toda la emoción que le genere la situación que están viviendo. No es fácil abordar trabajos de este tipo. Sobre todo, retratar el proceso de enfermedad de deterioro y muerte de un familiar, de alguien muy cercano a ti no es sencillo, es duro. Pero creo que hay que hacerlo”, concluyó.

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